SEXUALMENTE
HABLANDO
Programa
5
14/04/14.
Yo
te la cuento
La
semana pasada, tuvimos la intervención de oyentes comentando un poco
respecto de la sexualidad y la adolescencia. Mencionaron, dos
señoras, en cuanto a la necesidad de incluir al amor y la
responsabilidad. Es más, una de ellas remarcó la necesidad de
entender lo que significa un embarazo.
Así
que charlemos un poco de esa etapa de la adolescencia, sus miedos,
sus mitos.
Habitualmente,
cuando se habla de la adolescencia, se tiende a confundir los
términos.
Se
realiza, para explicar lo que le pasa al adolescente, un juego de
palabras ingenioso. Pero que encierra una falacia.
Se
dice que el adolescente “adolece”, y a partir de allí se
elucubran los por qué.
La
falacia entonces es inicial, porque la palabra adolecer significa
sentir dolor o caer enfermo.
No
tiene relación con la palabra adolescencia y tampoco entonces
caracteriza el “adolecer” a esta etapa de la vida.
El
mito estaría entonces en asimilar ambos términos como iguales.
Esto
me hace preguntar entonces, ¿cómo puede considerarse enfermedad a
algo que le pasa a casi todas las personas durante varios años? ¿no
será entonces la adolescencia un proceso natural?
Tenemos
a nuestra disposición definiciones biológicas, pero en realidad lo
que describen es la pubertad, los fenómenos físicos que transcurren
en la adolescencia.
Históricamente,
el período de la adolescencia social es actualmente el doble en
relación a lo que era hace 100 años.
Y
hace 200 años directamente no existía, se pasaba de la niñez a la
adultez sin estaciones intermedias.
La
necesidad de períodos más largos de entrenamiento escolar prolongó
la adolescencia, pero en lo físico la madurez se presenta a una edad
menor.
Si
los adolescentes están físicamente maduros para la sexualidad, ¿lo
están para vivirla con felicidad?
Nuestros
actuales adolescentes ya no tienen contra quién rebelarse, ni
siquiera en el terreno de lo sexual.
No
hay una autoridad definida que marque claramente lo que se puede y lo
que no.
mientras
tanto, los mayores sólo hemos creado maneras de no decir la verdad
cuando hablamos de sexo. A la verdad la ocultamos, la desvirtuamos o
la deformamos.
¿Podremos
crear un modo diferente que permita proponer los valores antes que
imponerlos?
¿Podrán
esos valores ser incorporados a través del diálogo?
¿Es
posible vincular la sexualidad del adolescente con los conceptos de
conciencia, libertad y responsabilidad?.
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