...una jovencita de 22 años,
soltera y estudiante universitaria que atendí en un hospital cuyo
nombre no viene al caso.
La atendí harán ya unos 15
años, pero conservo las historias clínicas de mis pacientes y cada
tanto las releo.
¿Qué es lo que escribís en
las historias clínicas? Me preguntó una vez un amigo.
Lo que me dicen los pacientes
fue la respuesta, a veces directamente en sus propias palabras,
transcribo los términos como me los dijeron.
Ordenando carpetas, me
encontré con la historia de esta jovencita de 22 años.
En mis notas de la segunda
entrevista, escribí “fue algo feo, me costó mucho”, “fue
difícil y no me gustó”, “vi que era algo incompleto,
desagradable que no hay que ver, algo a lo que le falta algo”.
¿Qué le pasó? ¿A qué se
había enfrentado?
Solamente me contaba cómo se
había sentido realizando una tarea que le solicité.
Le pedí que en su casa, sola
y sin que nadie la pudiera interrumpir, tomara un espejo y observara
sus genitales. Algo que nunca había hecho en sus 22 años. No sabía
cómo eran.
Y cuando los vio, se encontró
con lo que me dijo. Algo incompleto, feo, desagradable.
Algo que no hay que ver.
Mirar su vulva, su vagina si
generalizo, fue feo, penoso, difícil. Algo que no le gustó y le
costó mucho.
¿Qué le pasaba a esta joven?
¿Por qué había pasado?
¿A qué vino al consultorio?
Solamente tenía problemas
para tener un orgasmo; no lo tenía. No había historias truculentas
ni terribles. Su vida, su infancia, su pareja, eran comunes y
corrientes.
Nunca había visto sus
genitales y cuando los vio sintió todo eso.
Son sus propias palabras. Las
escribí entonces y se las cuento ahora.
Y más allá de lo que usted
esté pensando, todavía no es raro encontrarse con estas reacciones.
Muchísimas mujeres no conocen
su vulva, su vagina. Muchas le tienen miedo, asco.
Más que varias jamás las han
explorado.
Algunas pioneras, atrevidas y
transgresoras se animaron. Se animaron a mirar, a tocar y a valorar.
Para que haya más, sigamos
charlando.
¡Ah! Cuando la chica de esta
historia se animó, los orgasmos vinieron solos.
A lo mejor fueron el premio a
su valor.

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